Doomspending: La economía del girlmath
No podré permitirme una casa, pero sí este matcha de seis euros
Bienvenidos a GirlPope. En el ensayo de hoy hablaremos de:
✶ Qué es el doomspending
✶ Por qué los jóvenes ya “no ahorran”
✶ El fenómeno psicológico de la regresión
✶ Los memes ‘girlmath, im just a girl, small treat…’ y quién se beneficia de ellos
✶ El bucle del gasto y la desesperanza
Hay un meme que lleva años circulando en internet, en distintas formas, pero el mensaje es siempre el mismo: “no podré permitirme una casa, pero sí este matcha de seis euros”, “girlmath!”, “mis padres a los 30 vs. yo a los 30”, “nunca podré recuperarme financieramente de esto”… Nuestro coping mechanism favorito es la resignación en el humor. El problema es que de este chiste quizás somos los que rían los últimos, pero no vamos a ser los que rían mejor.
El ‘doomspending’ (de doom: catástrofe + spending: gastar) es el hábito de realizar compras impulsivas y no planificadas como un mecanismo para lidiar con el estrés, la ansiedad o el pesimismo sobre el futuro económico y mundial. Es la conducta económica de una generación que ha hecho el cálculo, consciente o no, y ha llegado a la conclusión de que un futuro estable no está asegurado, por lo que la satisfacción inmediata en el presente es lo único real. Es nihilismo de tarjeta de crédito.
James Greig, escribiendo para la revista Dazed, describió a los jóvenes de hoy como una “generación de bebés adultos; que abrazan la estética de lo cute, los peluches, los trinkets y la identidad Hufflepuff en el perfil de Hinge”. La tesis es que nos autoinfantilizamos porque nos han quitado el futuro. No podemos comprarnos una casa. No podemos permitirnos tener hijos, ni siquiera si quisiéramos. Así que elegimos identificarnos con nuestra propia impotencia. “Adulting sucks :(” es la clásica frase millennial. No es solo una cuestión psicológica, la estructura social nos mantiene objetivamente en un limbo. La generación anterior se casaba, compraba su casa y tenía hijos a los veintipocos. Ahora esos hitos se han desplazado una década porque las condiciones lo hacen prácticamente imposible. Vivimos con nuestros padres más tiempo, sin carrera estable, sin propiedad. El consumo de objetos infantiles es el síntoma visible, pero ese limbo es la causa.
El psicoanálisis tiene una palabra para esto: regresión. Cuando el futuro da miedo, o directamente no existe, volvemos al estadio donde éramos pequeños e indefensos y alguien se ocupaba de nosotros. El profesor Josh Cohen, psicoanalista y autor de How to Live, What to Do, explica:
“En una época en la que se les ha arrebatado tanta agencia a los adultos jóvenes, que enfrentan futuros cargados de deudas y son incapaces de acceder a los pilares materiales básicos de la vida adulta, lo que a su vez retrasa indefinidamente la entrada en la madurez emocional, el refugio en las dudosas comodidades de una pseudo-infancia tiene su atractivo.”
Esta es la lógica del doomspending, y es bastante más racional de lo que parece. El ahorro tiene sentido cuando sirve para algo: una entrada para un piso, un colchón para cuando tengas hijos, una jubilación digna. Pero si la entrada del piso está fuera de alcance, si los hijos son un proyecto de ciencia ficción, si la jubilación parece una broma... ¿para qué vas a ahorrar exactamente?
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