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El lujo de ser fea

Quién puede permitirse no pasar por el aro y quién paga el precio de convertirlo en ideal

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Gala Castro
may 17, 2026
∙ De pago

En el ensayo de la semana pasada hablábamos de cómo los retoques estéticos funcionan como meta que se desplaza continuamente, como la zanahoria atada al palo de nuestro burro. El clasismo mueve siempre los parámetros de belleza para que solo unos pocos puedan alcanzarlos, y cuando demasiada gente llega, esos pocos ya han cambiado el canon. Puedes leer aquí el post:

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Hoy vamos un paso más allá. Porque resulta que encima de todas esas personas optimizando sus caras para mostrarse ricas hay otra capa, pequeñísima, que no optimiza nada. Que no sigue ninguna tendencia porque no necesita seguir nada. Que puede permitirse, en 2026, el lujo más extraño e inaccesible de todos: ser fea.

La periodista Amy Odell publicó hace unas semanas en el New York Times un artículo de opinión titulado Rich People Didn’t Look Like This Before, presentando la tesis de que la cirugía estética ha reemplazado a la moda de lujo como marcador de estatus entre las mujeres con dinero. Los datos sostienen esta teoría, ya que los procedimientos faciales aumentaron un 19% en 2025 y en mi fyp no dejan de salir tiktoks de grupos de amigas que se parten de risa ante su imposibilidad de fruncir el ceño.

Si esa “rich face” tirante, congelada y optimizada para ser lucida tras una marca de agua de Getty Images es el nuevo símbolo de estatus, ¿qué hacemos con el hecho de que las personas con más dinero del mundo, en muchos casos, no la tengan?


Hay una forma de entender todo esto que tiene que ver, en primer lugar, con el algoritmo. Mariang, de La Pija y La Quinqui, lo formuló hace unos días escribiendo sobre la adicción al móvil y la desconexión tecnológica como privilegio de clase: Poder ignorar el sistema y no depender de los móviles para trabajar o para existir socialmente es caro.

Hay dos posiciones desde las que puedes relacionarte con el algoritmo: Estás por encima si lo usas cuando te conviene, te sirves de él, o directamente lo ignoras porque lo que eres no depende de una audiencia. O estás por debajo cuando tu visibilidad, tu trabajo y tu posición social dependen de que el algoritmo te favorezca. Y para eso tienes que optimizar tu existencia para él; tu contenido, tu presencia y tu cara.

En este vídeo, la influencer África Adalia, conocida por concursar en OT18, destapa la vulnerabilidad de vivir en la mente de una chica que cada día tiene que resistirse a unos pensamientos intrusivos que le incitan a hacerse retoques estéticos. “Siento que diariamente estoy ganando una batalla para la cual tengo que luchar contra mis pensamientos, contra el mundo y contra las comparaciones, voy a intentar resistir hasta el final”. Su experiencia no es única, ya que ninguna experiencia lo es en este planeta.

@afriadaliaunpopular opinion espero que NO 💆🏽‍♀️ quién en mi clan? 🫵🏽 #retoquesesteticos #charla #acidohialuronico #babybotox #agegracefully
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La trampa está en que casi nadie está realmente encima del algoritmo. ¿Entonces quién puede permitirse ser feo?

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